Espalda en «C»
Los bebés tienen la espalda redondeada. Un buen portabebé la sostiene así, con la tela firme, sin obligarla a estar recta.
¿Te has preguntado si llevas bien a tu bebé en el portabebé? Es una de las dudas que más escucho en consulta. Y tiene todo el sentido: el porteo es cada vez más habitual, pero no todos los portabebés ni todas las formas de colocarlos son iguales.
Portear bien no significa hacerlo perfecto. Se trata de cuidar unos pocos detalles que marcan la diferencia en cómo respira tu bebé, cómo se colocan sus caderas y cómo se desarrolla su espalda. Te los explico paso a paso, sin tecnicismos.
Un porteo es ergonómico cuando respeta la postura natural de tu bebé, y también la tuya. Es decir, el portabebé se adapta al cuerpo de tu bebé, y no al revés.
En la práctica, se reconoce por tres cosas:
Los bebés tienen la espalda redondeada. Un buen portabebé la sostiene así, con la tela firme, sin obligarla a estar recta.
Las piernas van abiertas y las rodillas quedan un poco más altas que el culete. El asiento de tela llega de corva a corva (de la parte de atrás de una rodilla a la otra), así el peso se reparte por todo el culete y las piernas no cuelgan.
Tu bebé va mirando hacia ti, con el pecho y la barriga pegados a tu cuerpo. Tan arriba que puedas besarle la cabeza.
¿Por qué importa tanto la «M»? Las caderas del bebé se desarrollan mejor con los muslos flexionados y separados. Mantener las piernas juntas y estiradas durante mucho tiempo en los primeros meses se asocia a displasia de cadera. Los portabebés no causan displasia, pero no todos colocan la cadera en una buena posición. Por eso el asiento ancho es tan importante.
Cuando el porteo es ergonómico, los beneficios van mucho más allá de tener las manos libres:
Ahora bien, desde la fisioterapia siempre insisto en algo: el porteo suma, pero no sustituye al suelo. Tu bebé necesita ratos boca abajo y libertad para moverse sobre una superficie firme. Ahí es donde desarrolla su motricidad. Lo ideal es combinar las dos cosas a lo largo del día.
Para comprobarlo hay una lista muy sencilla. Se llama TICKS (son siglas en inglés), la creó el UK Sling Consortium y la recomiendan organizaciones de seguridad infantil como RoSPA o The Lullaby Trust. Repásala cada vez que coloques a tu bebé:
El portabebé debe estar bien ajustado, abrazando a tu bebé contra ti. Si apoyas la mano en su espalda y presionas suavemente, no debería hundirse ni desplazarse hacia ti. Una tela floja deja que se escurra y se encoja, y eso puede dificultar su respiración.
Tienes que poder verle la cara solo con bajar la mirada, sin apartar tela. Nada debe taparle la nariz ni la boca.
Su cabeza debe quedar tan alta que puedas besarle la frente inclinando un poco la tuya.
Comprueba que cabe al menos un dedo entre su barbilla y su pecho. Si la barbilla se apoya en el pecho, la vía aérea puede cerrarse en parte.
Su espalda queda en su curva natural, con la barriga y el pecho pegados a ti, sin encorvarse ni torcerse.
A estas cinco yo siempre añado una sexta, como propone la guía de Pathways.org: caderas sanas, con las rodillas más altas que el culete y las piernas en «M».
Si se queda dormido, vuelve a mirar la T, la I y la K. Es el momento en que la cabeza puede caer hacia delante. Los menores de 4 meses son los más vulnerables: todavía no controlan bien la cabeza y no pueden corregir la postura por sí mismos.
En porteo, lo que manda es el hito, no la edad. Cada bebé tiene su ritmo, y es normal que haya meses de diferencia entre unos y otros. Si quieres orientarte sobre lo habitual en cada etapa, tienes la guía de hitos por edad.
Para empezar desde el nacimiento, basta con que tu bebé alcance el peso mínimo que indica el fabricante del portabebé. Si nació prematuro o con bajo peso, consúltalo antes.
¿Y hasta cuándo? No hay una edad límite. Depende de lo que necesitéis tu hijo y tú. Si lo porteas desde pequeño, tu espalda se irá acostumbrando poco a poco al aumento de peso.
Y tres trucos que ayudan mucho en el día a día: agáchate doblando las rodillas, nunca la cintura; alterna el lado hacia el que apoya la cabeza cada vez que le porteas, para prevenir la tortícolis muscular postural; y haz pausas cuando él, o tu espalda, lo pidan.
En algunas situaciones es mejor hacer una valoración individual antes de empezar a portear o de cambiar de posición:
Muchas veces se puede seguir porteando, adaptando el portabebé y la posición a lo que necesita tu bebé.
Portear bien se aprende. Las primeras veces cuesta, y es normal tener dudas. No tienes que hacerlo perfecto: basta con repasar la regla TICKS cada vez y observar a tu bebé. Si está tranquilo, respira bien y le ves la cara, vas por buen camino.
Si tienes dudas sobre cómo le llevas o sobre su desarrollo, puedes pedir una valoración. Lo miramos con calma.
Fuentes
Esta información es orientativa y no sustituye la valoración individual de un profesional.